El viejo las elige con meticulosidad. El proceso es sencillo. Ellas completan un breve formulario y luego asisten a una breve entrevista personal. Me lo contaron una tarde. Sin embargo, no se sabe muy bien lo que pasa en la oficina del viejo durante la entrevista. La aspirante ingresa sola, permanece allí unos minutos y luego sale. No hay persona las haya visto llorar ni salir con expresión compungida o por lo menos con el rostro acalorado. Lo que sucede allí dentro es un misterio, pero nadie puede sospechar que haya abuso. Sus expresiones no lo evidencian. Pero una vez superada esta prueba, cuando las contratan, se observa un patrón común. En el salón de ventas ellas atienden sonrientes. Si uno mira más abajo, se encuentra con un generoso escote. Aunque el aire acondicionado mantiene el ambiente muy frío, usan por lo general una camisilla liviana, tejida con hilo, que se cierra con botones. La confección tiene la particularidad de que deja ver sus tetas bastante bien. Lo común es que suelen ser blancas y muy redondeadas. Son tetas como de adolescentes que están conociendo sus primeros alborotos. La piel es todavía bien suave, y uno se puede imaginar allí abajo se esconden unos pezones rosados. Por el tipo de rubro comercial donde trabajan, ellas atienden a hombres robustos, curtidos por el sol del verano. No diré el nombre de la empresa. Por favor, no insistan, aun me quedan algunos escrúpulos en estas cosas. Pero les puedo decir que resulta encantador ir con cualquier excusa a comprar algo y encontrarse con esas ninfas acuáticas que el viejo ha elegido tan bien y vaya a saber con qué criterios.
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chevalier71 · Publicado